miércoles, 9 de julio de 2008

LAS PROPIAS DECLARACIONES


LAS PROPIAS DECLARACIONES DE CRISTO
Cuando Jesús vivió en la tierra, El siempre estuvo consciente de que El era Dios. El les dijo a los judíos: “Antes de que Abraham fuese, Yo Soy” (Jn. 8:58). El libro de Exodo nos dice que el nombre de Dios es Yo Soy (3:14). Cuando Jesús dijo: “Antes de que Abraham fuese, Yo Soy”, los judíos tomaron piedras para arrojárselas porque entendieron que se refería a que El era Dios. Jesús como el gran Yo Soy es el Dios eterno que siempre existe.
El llamaba a Dios “Padre” (Jn. 17:1), y no tenía temor de llamarse Hijo de Dios (Mt. 16:16). Ningún líder religioso jamás se ha atrevido a llamarse Dios. Ni Mahoma ni Confucio ni Sócrates, ni ningún líder destacado jamás declaró ser Dios. Pero Jesús repetidas veces proclamó que era Dios. Lo mataron porque declaró que El era el Hijo de Dios (Mt. 26:63-66). Sus discípulos declaraban abiertamente que El era Dios.
Cualquier persona que afirme ser Dios o está loco o es mentiroso o es Dios. Cristo no puede estar loco, porque Sus palabras demuestran sabiduría y sobriedad, y vinieron a ser la base de toda la civilización occidental. El no es un mentiroso, pues ningún mentiroso estaría dispuesto a sacrificar su propia vida por su mentira. La única posibilidad que queda es que El sea el mismo Dios. Algunos tal vez admitan que Jesús tenía un nivel de moralidad muy elevado, pero aun así no creen que Jesús sea Dios. Pero si usted admite que El tiene una moral muy elevada, esto significa que usted cree que El no es un mentiroso, entonces debe aceptar que Su declaración de divinidad es verdad. Jesús muchas veces afirmó que El es Dios. Si usted admira Su moralidad, también debe reconocer Su deidad.
Napoleón Bonaparte, cuando fue confinado a la isla de Santa Elena, preguntó al Conde Montholon: “¿Puede decirme quién fue Jesucristo?” Al no ser respondida la pregunta, Napoleón dijo: “Bueno, yo se lo diré. Alejandro, Cesar, Carlomagno y yo mismo hemos fundado grandes imperios ... por la fuerza. Pero Jesús solo fundó Su imperio en el amor ... Le digo que todos éstos fueron hombres, y ninguno es como El; Jesucristo fue más que hombre ... El pide el corazón humano, y lo exige incondicionalmente; aún así es concedido. ¡Asombroso! ... Todos los que creen en El sinceramente experimentan ese notable amor sobrenatural para con El ... El tiempo, el gran destructor, no tiene poder para extinguir esta flama sagrada ... ¡Esto es lo que me demuestra irrebatiblemente la divinidad de Jesucristo!”

CRISTO ES DIOS

LOS TITULOS DIVINOS DE CRISTO


LOS TITULOS DIVINOS DE CRISTO INDICAN QUE EL ES DIOS
Cuando Jesús nació, Su nombre fue llamado Emanuel, que significa “Dios con nosotros” (Mt. 1:23). Este es un título que no cualquier persona puede adoptar. Jesús podía tomar tal nombre porque Su venida era la venida de Dios, y Su presencia era la de Dios con el hombre. Ninguno de nosotros puede decir que es “Dios con el hombre”, porque nosotros somos solamente humanos. Pero la venida de Jesucristo era la venida de Dios al hombre.
También fue llamado Jesús, que significa “Jehová el Salvador” (Mt. 1:21). Jehová es el nombre personal de Dios en el Antiguo Testamento. Decir que Cristo es Jesús equivale a decir que El es Jehová. El no tuvo temor de ser llamado Jehová el Salvador, porque El es el mismo Dios.

lunes, 7 de julio de 2008

EL GOBIERNO UNIVERSAL DE DIOS


EL GOBIERNO UNIVERSAL DE DIOS
No resulta fácil determinar cuál es el tema central de 1 Pedro. Aun si usted lee muchas veces 1 y 2 Pedro, le será difícil precisar el tema central de estas epístolas. Pedro es también muy particular al respecto. Él nos habla de cierto asunto, pero no nos provee ningún término que lo describa.
En ambas epístolas, Pedro trata el tema del gobierno universal de Dios. De hecho, estos dos libros nos hablan del gobierno universal de Dios. Como hemos visto, Mateo nos habla acerca del reino. No debemos pensar que el gobierno y el reino significan lo mismo. No, el reino es una cosa, y el gobierno es otra. Un país o una nación tiene un gobierno. No obstante, el gobierno no es la nación en sí, sino más bien el centro administrativo de la nación. Por ejemplo, el gobierno localizado en Washington, D. C., es el centro administrativo de Estados Unidos. Si bien Mateo nos presenta el reino, en dicho libro no se nos habla del gobierno. Son los escritos de Pedro los que nos hablan del gobierno de Dios.
Marcos nos presenta el servicio; Lucas, la salvación; y Juan, la vida. Por consiguiente, en los cuatro Evangelios encontramos el reino, el servicio, la salvación y la vida, pero no encontramos el gobierno divino. Así que, Pedro en sus epístolas suple esta carencia al revelarnos el gobierno universal de Dios.
La esfera del gobierno de Dios abarca todo el universo. Sabemos esto porque Pedro nos habla de los cielos nuevos y la tierra nueva. Esto indica que el gobierno de Dios es universal. Finalmente, en la eternidad futura, todo estará en armonía y en buen orden, porque en los cielos nuevos y en la tierra nueva reinará la justicia. Hoy en día, en la tierra imperan la injusticia y el desorden. Con todo, Dios aún ejerce Su gobierno en el cielo y en la tierra.
Dios gobierna al ejecutar Su juicio. Ésta es la manera en que Dios ejerce Su gobierno. Soy una persona de avanzada edad y, como tal, he estado estudiando y observando por mucho tiempo la situación mundial; por eso, sencillamente no puedo hacer otra cosa que postrarme ante Dios. Él es quien gobierna, y Él gobierna ejecutando Sus juicios. Dios juzgó a Hitler, a Stalin y a otros malhechores. Por una parte, Dios toleró, en cierta medida, que ellos hicieran ciertas cosas que contribuyeron a Su propósito, como el hecho de que Hitler hubiera masacrado a tantos judíos, ya que esto hizo que ellos se unificaran. No obstante, Dios juzgó a tales hombres.
En 1 y 2 Pedro encontramos un relato del juicio de Dios. Dios juzgó la tierra por medio del diluvio y más tarde juzgó a Sodoma y Gomorra. La historia del juicio de Dios también incluye el juicio que Él trajo sobre los hijos de Israel en el desierto. Durante los años que anduvieron vagando, los hijos de Israel experimentaron el juicio de Dios una y otra vez. A excepción de Josué y Caleb, todos los que salieron de Egipto, incluyendo a Moisés, Aarón y María, murieron en el desierto bajo el juicio de Dios. Además, la Biblia nos dice que Dios hizo que los miles que desobedecieron quedaran postrados en el desierto. Ésta fue la manera en que Dios ejerció Su juicio.
No debemos pensar que Dios juzga solamente a malhechores, tales como Hitler y Stalin. Dios también juzga a Su propio pueblo. Según 4:17, el juicio gubernamental de Dios comienza por Su propia casa: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?”. Esta palabra se refiere al gobierno de Dios.
¿Con qué propósito ejerce Dios Su juicio gubernamental? Dios juzga a fin de depurar el universo que Él creó. Dios creó el universo para que cumpliera un propósito muy positivo, pero Satanás intervino y lo contaminó. Ahora, Dios está depurando el universo por medio de Sus juicios. Él está realizando una limpieza completa de todo el universo. Finalmente, el universo vendrá a ser nuevo. ¿Sabe usted cuál es el significado principal de los cielos nuevos y la tierra nueva mencionados en 2 Pedro 3? El significado es que ello alude a la novedad del universo de Dios.
Dios no está dispuesto a vivir ni a morar en un lugar que esté inmundo. Ésta es la razón por la cual Dios está depurando y purificando el universo. Primero Él nos purifica a nosotros, Su casa. Es aquí donde Dios ahora concentra Su obra de purificación. Probablemente usted en ocasiones se haya preguntado: “¿Por qué será que cuanto más amo al Señor Jesús, más dificultades me sobrevienen? A mis familiares les va bien en todo y en todo prosperan. En cambio, mi situación parece empeorar cada vez más”. Algunos santos tienen problemas de salud, mientras que otros no saben qué hacer con sus hijos. La razón por la cual experimentamos tantas dificultades es que el juicio de Dios comienza por Su propia casa. Usted y yo estamos bajo el juicio de Dios.
La razón por la cual se escribieron las dos epístolas de Pedro, y en especial la primera, fue que los creyentes judíos que habían sido dispersados, estaban sufriendo persecución. Ellos estaban pasando por una prueba de fuego. Pedro comparó esta persecución con el fuego de un horno. Debido a que los creyentes estaban turbados y quizás comenzaban a dudar, Pedro les escribió para darles algunas instrucciones y también para consolarlos. En 5:10 él dice: “Mas el Dios de toda gracia, que os llamó a Su gloria eterna en Cristo Jesús, después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él mismo os perfeccione, confirme, fortalezca y cimiente”. Aquí Pedro parecía decirles a los creyentes que no debían dudar, ya que era Dios quien los estaba perfeccionando. De la misma manera en que se cortan las piedras para que puedan ser acopladas y formar parte de un edificio, también es necesario que nosotros seamos “cortados” a fin de ser perfeccionados, confirmados, fortalecidos y cimentados. Pedro escribió esto para confortar a los santos que estaban sufriendo y siendo perseguidos; su deseo era mostrarles que todos ellos estaban bajo el gobierno de Dios. Dios ejerce Su gobierno primeramente sobre Sus propios hijos.
Por consiguiente, el tema de 1 Pedro es: La vida cristiana bajo el gobierno de Dios. El tema de 2 Pedro es un poco diferente; dicho tema es: La provisión divina y el gobierno divino. Pedro nos muestra en su segunda epístola que Dios no sólo ejerce Su gobierno sobre nosotros, no sólo rige sobre nosotros, sino que además nos provee todo lo que necesitamos. Dios nos provee de todo lo necesario para que podamos llevar una vida santa, una vida cristiana, bajo Su gobierno.

CRISTO ES DIOS

EL NACIMIENTO DE CRISTO


EL NACIMIENTO DE CRISTO POR MEDIO DE LA CONCEPCION DEL ESPIRITU SANTO Y DE UNA VIRGEN DEMUESTRA QUE EL ES DIOS
Hay muchas evidencias de que Cristo es Dios. La primera prueba es la manera en que Cristo nació en la tierra. La manera en que una persona nace dice mucho acerca del origen de ella. Cristo nació de una virgen llamada María (Mt. 1:18). El no nació por la concepción humana, sino que fue concebido por el Espíritu Santo (Mt. 1:20). Si El hubiese sido un mero ser humano, habría venido del mismo modo que los demás. Pero Jesucristo vino a la tierra de una manera diferente a la de todos los seres humanos. Todos los seres humanos nacen de padres humanos, pero Jesús vino como la mezcla del Espíritu Santo con el hombre. Durante los siglos pasados mucha gente ha intentado refutar el hecho histórico del alumbramiento por una virgen al decir que tal acontecimiento es contrario a la ciencia. Sin embargo, uno debe darse cuenta de que la ciencia sólo puede explicar fenómenos naturales. Todos los fenómenos sobrenaturales no los puede explicar la ciencia; van más allá de toda investigación científica. Ciertamente Dios, el Creador del universo y el Autor de todos los principios científicos, no está limitado por las leyes naturales. Es lo más razonable que Dios hubiese venido a la tierra de una manera sobrenatural, diferente a todos los otros mortales.
El hecho de que Cristo hubiera sido concebido del Espíritu Santo y que naciera de un virgen humana significa dos cosas. Primero, significa que Jesús llevaba divinidad en Su ser. Una concepción humana lleva el elemento humano, y una concepción divina lleva el elemento divino. Todo ser humano sólo lleva el elemento humano. Solamente Jesucristo nació con el elemento divino y el elemento humano. Esto comprueba que El es el único Dios-hombre.
Segundo, todos los nacimientos humanos llevan consigo el elemento del pecado. Pero un nacimiento que es diferente del nacimiento natural no lleva el elemento hereditario humano del pecado. Todos los hombres nacen pecadores, pero Cristo nació sin pecado. El era el Dios-hombre sin pecado, el Dios completo y el hombre perfecto.
El profeta Isaías habló del nacimiento de Cristo así: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre Su hombro; y se llamará Su nombre ... Dios Fuerte, Padre Eterno...” (Is. 9:6). Unos setecientos años antes del nacimiento de Jesús, Isaías predijo que Jesús sería un niño nacido como Dios fuerte y nos sería dado un hijo que sería Padre eterno. El profeta Miqueas también dio una sorprendente profecía como setecientos años antes del nacimiento de Cristo. El dijo que de la ciudad de Belén saldría uno que sería Señor en Israel; y Sus salidas serían “desde el principio, desde los días de la eternidad” (5:2). Esta profecía indica que en la eternidad pasada Dios planeó entrar en la humanidad. Así, en el nacimiento de Jesús, Dios salió de la eternidad, pasó al tiempo y entró con Su divinidad en la humanidad, y se mezcló con el hombre. ¡Jesús es Dios mismo mezclado con la humanidad!


CRISTO ES DIOS

CRISTO ES DIOS


CRISTO ES DIOS
La clave para entender la Biblia y a Dios está en la persona de Jesucristo. No hay ninguna otra persona en la historia que haya afectado tanto a la humanidad como Jesucristo. Ninguna persona ha sido tan honrada y adorada como Jesucristo, y sin embargo, al mismo tiempo, ha permanecido como un misterio para la mente humana. Muchos historiadores lo han considerado un gran líder, y muchos reformistas sociales lo han considerado un gran maestro de la humanidad. Napoleón se igualó con Alejandro Magno, Julio César y Carlomagno, pero reconoció que Jesús estaba por encima de todos ellos y pertenecía a una clase diferente. Los primeros marxistas negaban que El era Dios, y Engels incluso negó que Jesús hubiera existido. Pero luego los marxistas admitieron que los intentos por borrar a Jesús de la historia y la cultura europea era infructífero y absurdo, y que Jesús es “un ejemplo de los valores humanos más sagrados”.
No obstante, ¿es Jesús de Nazaret sólo un gran líder, un gran maestro y un modelo de los valores más sagrados? ¿Quién es Jesús? Esta es una de las grandes preguntas entre los hombres desde que nació Jesús hace ya casi dos mil años. Los judíos de Su tiempo que se le oponían dijeron que El era tan sólo un carpintero de Nazaret, el hijo de José; dijeron que El era solamente un hombre. Otros entre ellos dijeron que El era Juan el Bautista o Elías o Jeremías o alguno de los profetas. Los gentiles de las generaciones pasadas dijeron que El era un religioso revolucionario, un gran filósofo, un noble moralista, o un siervo sacrificado.
Un día Jesús tuvo el intenso deseo de revelarse a Sus discípulos, así que los llevó a un lugar llamado Cesarea de Filipo, lejos de Jerusalén donde la atmósfera de la vieja religión judía llenaba los pensamientos de todos los hombres. En Cesarea de Filipo El les preguntó a Sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o algunos de los profetas” (Mt. 16:13-14).
Luego Jesús les hizo una pregunta muy tajante, que todos debemos responder: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (v. 15). Sólo uno de los discípulos de Jesús, Pedro, respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (v. 16). Al decir que Jesús era el Hijo del Dios viviente, Pedro estaba diciendo que Cristo era Dios mismo (Jn. 10:30, 33; 5:18; 1:1; 20:28; 1 Jn. 5:20; Fil. 2:6; He. 1:8). El Señor respondió a Pedro: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (v. 17). Necesitamos la revelación celestial para recibir la bienaventuranza de ver quién es Cristo realmente.
El Evangelio de Juan cuenta la historia de un discípulo llamado Tomás que rehusó creer a los otros discípulos cuando le dijeron que habían visto a Jesús después de Su resurrección. Tomás dijo: “Si no viera en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré” (20:25). Ocho días después Jesús apareció a los discípulos de nuevo, y esta vez Tomás estaba con ellos. “Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (vs. 27-29). La declaración de Tomás al creer fue que Jesús era su Señor y su Dios. La respuesta de Jesús fue que todo aquel que creyera como Tomás sería bienaventurado.
Uno de los fundamentos más importantes de la fe cristiana es la confesión de que Cristo es Dios. Cristo no es sólo un gran hombre; El es Dios mismo. Cuando Pedro, uno de los discípulos de Cristo, declaró que éste era el Hijo del Dios viviente, estaba proclamando uno de los mayores misterios del universo. La iglesia cristiana está fundada sobre esta revelación de la persona divina de Cristo. Martín Lutero, el reformador protestante, dijo: “Aférrese de Jesús como un hombre, y descubrirá que El es Dios”.
Si usted quiere saber quién es un hombre, debe preguntarle. A lo largo de la historia no ha habido filósofo, líder religioso, ni sabio que se haya atrevido a decir que es Dios. Sólo Jesús dijo que El era Dios.

CRISTO ES DIOS

jueves, 3 de julio de 2008

ACOMPAÑAR EL MOVER DE DIOS


Hacia donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban; hacia donde les movía el espíritu que anduviesen, las ruedas también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas" (Ez 1:20)
Acompañar el mover de Dios
Mateo 3:11 dice: "Yo os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, a quien yo no soy digno de llevarle las sandalias, es más fuerte que yo; Él os bautizará en el Espíritu Santo y fuego". Una manera de interpretar esta porción es que si alguien recibe al Señor Jesús, Él lo bautizará en el Espíritu Santo, pero si no Lo recibe será bautizado en fuego, es decir, en el lago de fuego. Sin embargo, el versículo 11 no dice: "Él os bautizará en el Espíritu Santo o en el fuego", sino que dice "os bautizará en el Espíritu Santo y fuego". Por eso Pedro nos dice que no debemos sorprendernos del fuego de prueba que nos ha sobrevenido pues el Señor así lo determinó (1 P 4:12).
El Señor usa todas las situaciones para quemarnos, incluyendo a nuestro cónyuge, hijos, hermanos en la vida de la iglesia, compañeros de la escuela y en el trabajo. Estas situaciones vienen a remover las impurezas que aún están en nosotros. Por eso, no nos sorprendemos, por el contrario, debemos decir: "¡Esta es la gracia de Dios!". No es algo extraño ni negativo, sino algo que produce resultados positivos: es la gracia que llega hasta nosotros.
En la vida de la iglesia pasamos por estas pruebas, para así entrar en la próxima era y reinar juntamente con el Señor Jesús. Sin embargo, algunos no reinarán porque sus impurezas aún no fueron totalmente removidas por el fuego. De cualquier manera, al pasar por el tribunal de Cristo, será evidente cuánto de nuestra alma fue transformada. Cuando nos enfrentamos con el fuego pensamos que es algo negativo, algo como un castigo. Por eso, al leer el pasaje de Primera de Pedro tememos y lo rechazamos. Pero después de esta luz ya no podemos rechazar el fuego que viene sobre nosotros, pues es algo necesario para que seamos refinados y purificados.
Cuando somos purificados con el fuego, llegamos a ser personas que tienen fuego dentro de sí. Es decir, tenemos este fuego para practicar el mover de Dios. Ezequiel 1 nos habla del mover de Dios, descrito allí por la rueda que siempre avanza (vs. 15-21). El Señor nos ha llevado a estar en Su mover y siempre acompañarlo. De esta manera recibimos Su comisión: ser fructíferos, multiplicarnos, llenar la tierra y sojuzgarla y dominarla. Para ello es imposible apreciar sólo la Palabra de manera doctrinal. Por el contrario, somos alentados a practicarla y a cumplir nuestra comisión. El Señor realmente nos eligió de manera muy especial y quiere que acompañemos Su mover. Cuando Lo acompañamos, Dios avanza y nosotros avanzamos juntamente con Él. Esta es la gran rueda del mover divino.
Punto Clave: Refinados y purificados
Pregunta: ¿Qué diferencia hay al interpretar Mateo 3:11 con "y" o con "o"?
Jesus es el Senor!

NUESTRA SENDA: el desierto


Nuestra senda: el desierto

1 Juan 2:15-16 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.


Aunque otros digan que somos insensatos, no debemos escucharlos; debemos salir de Egipto hoy mismo. Desde el momento en que nos hicimos cristianos, Egipto ha dejado de ser nuestra senda. Ahora nuestra senda es el desierto. En el Nuevo Testamento, tanto Egipto como el desierto representan el mundo: Egipto, en el sentido moral, y el desierto, en el sentido físico. Los cristianos forman parte del mundo en un sentido físico, mas no en el sentido moral. Además, tenemos que saber distinguir otros dos aspectos del mundo: el mundo es un lugar y es también un sistema. En el mundo físico hay muchas cosas cuyo atractivo suscitan los deseos de los ojos, los deseos de la carne y la vanagloria de la vida. Todo ello conforma Egipto. Aparte de esto, el mundo es también el lugar donde reside nuestro cuerpo.

Hoy en día, los cristianos tenemos que abandonar el sistema y la organización que son el mundo. Así pues, cuando hablamos de separarnos del mundo nos referimos a nuestra liberación del mundo en un sentido moral y no físico. Tenemos que dejar atrás el mundo en un sentido moral y no en un sentido físico. En otras palabras, si bien nosotros seguimos viviendo físicamente en este mundo, éste se ha convertido para nosotros en un desierto.


JESUS ES NUESTRO SEÑOR...